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La Coctelera

Categoría: poema

5

Dos rojas lenguas de fuego...

Dos rojas lenguas de fuego

que a un mismo tronco enlazadas

se aproximan,y al besarse

forman una sola llama.

 

Dos notas que del laúd

a un mismo tiempo la mano arranca

y en el espacio se encuentran

y armoniosas se abrazan.

 

Dos olas que vienen juntas

a morir sobre la playa

y que al romper se coronan

con un penacho de plata.

 

Dos jirones de vapor

que del lago se levantan,

y al reunirse en el cielo

forman una nube blanca.

 

Dos ideas que al par brotan,

dos besos que a su tiempo estallan

dos ecos que se confunden

eso son nuestras almas.

Gustavo Adolfo Bécqer

 

8

Rima IV

No digaís que, agotado su tesoro,

de asuntos falta, enmudeció la lira;

podrá no haber poetas; pero siempre

habrá poesía.

 

Mientras las ondas de la luz al beso

palpiten encendidas,

mientras el sol las desgarradas nubes

de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve

perfumes y armonías,

mientras haya en el mundo primavera,

¡habrá poesía!

 

Mientras se sienta que se ríe el alma,

sin que los labios rían;

mientras se llore, sin que el llanto acuda

a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza

batallando prosigan,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

¡habrá poesía!

 

Mientras haya unos ojos que reflejan

los ojos que los miran,

mientras responda el labio suspirando

al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso

dos almas confundidas,

¡habrá poesía!

 

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

 

2

Perfume

 

Compartamos las mieles, lo errores

y sin culpa vivamos tan felices

un pasar de dicha y mil matices

nos sorprenda el perfume de las flores.

 

5

Ronda de los colores /Gabriela Mistral>

Azul loco y verde loco

del lino en rama y en flor.

Mareando de oleadas

baila el lindo azuleador.

Cuando el azul se deshoja,

sigue el verde danzador:

verde-trébol,verde-oliva

y el gayo verde limón.

¡Vaya hermosura!

¡Vaya color!

Rojo manso y rojo bravo

¿rosa y clavel reventón?.

Cuando los verdes se rinden,

él salta como un campeón.

Bailan uno tras el otro,

no se sabe cuál mejor,

y los rojos bailan tanto

que se queman en su ardor.

¡Vaya locura!

¿Vaya calor!

El amarillo se viene

grande y lleno de fervor

y le abren paso todos

como viendo a Agamenón.

A lo humano y lo divino

baila el santo resplandor:

aromas gajos dorados

y el azafrán volador.

¡Vaya delirio!

¡Vaya el Color!

Y por fin se van siguiendo

al pavo-real del sol,

que los recoge y los lleva

como un padre o un ladrón.

Mano a mano con nosotros

todos eran, ya no son:

¡El cuento del mundo muere

al morir el Contador!

 

2

Alfonsi Storni / Alma desnuda >

Soy alma desnuda en estos versos,

Alma desnuda que angustiada y sola

va dejando sus pétalos dispersos.

 

Alma que puede ser una amapola,

que puede ser un lirio, una violeta,

un peñasco,una selva y una ola.

 

Alma que adora sobre sus altares,

Dioses que no se bajan a a cegarla;

Alma que no conoce valladares.

 

Alma que fuera fácil dominarla

con solo un corazón que se partiera

para en su sangre cálida regarla.                            

 

Alma que cuando está en primavera

dice al invierno que demora:vuelve,

caiga tu nieve sobre la pradera.

 

Alma que ha de morir de una fragancia

de un suspiro, de un verso en que se ruega,

sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alfonsina Storni

 

0

Rama fuí...

Fuí rama;

hoy, una hoja caida.

Recibe hoja seca y marchita

un beso frío, siente la

húmeda caricia del agua.

Te aguardo sin prisa,

hoja cobriza,entre hojarasca,

hasta que vueles amiga,

hoja dúctil, de recia rama

a tierra madre,oscura fragua.

Autor: desconocido

 

 

7

se deja de querer

Se deja de querer, y no se sabe

por qué se deja de querer:

Es como abrir la mano y encontrarla vacía,

y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.

 

Se deja de querer, y es como un río

cuya corriente fresca ya no calma la sed;

como andar en otoño sobre las hojas secas,

y pisar la hoja verde que no debió caer.

 

Se deja de querer, y es como el ciego

que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren;

pero ya sólo sabe que regresó por él.

 

Se deja de querer, y no se sabe

por qué se deja de querer...

J. A. Buesa